11 mayo, 2026

EL EQUIPO FEMENINO DE HOCKEY DE ZIMBABUE LOGRA EL MILAGRO AL GANAR EL ORO EN MOSCÚ 80 HABIENDO SIDO INVITADAS UN MES ANTES

EL EQUIPO FEMENINO DE HOCKEY DE ZIMBABUE LOGRA EL MILAGRO

En unos Juegos Olímpicos también hay lugar para historias que parecen sacadas de libros de cuentos de hadas. Lo fue, sin duda -y una de las mayores sorpresas en la historia olímpica- la de un grupo de jóvenes que se encontraron de repente representando a su país, un ‘nuevo país’ en unos Juegos Olímpicos, pese a no haberse clasificado en ellos…y acabando con la medalla de oro colgada al cuello. Eso es lo que ocurrió con el equipo femenino de hockey hierba de Zimbabue.

La categoría femenina del hockey debutó en los Juegos de Moscú 80. El boicot de numerosos países occidentales provocó ausencias en determinados deportes. Tanto es así, que en el caso del que nos ocupamos la organización de los Juegos buscó posibles selecciones para cubrir huecos y acudió a la de Zimbabue. La elección de este país es además cuanto menos curiosa. Antes de 1980 Zimbabue no existía, es decir, lo hacía con otro nombre -Rodesia- y fue justo en ese año cuando consiguió la independencia y cambió de nombre. El país estaba gobernado por entonces por una minoría blanca y se había prohibido su participación en Juegos Olímpicos desde la edición de 1964 celebrada en Tokio. Fueron los cambios políticos, que incluyeron una nueva Constitución, los que provocaron su apertura al mundo, el cambio de visión hacia el país y la decisión del COI para que pudiera poder participar en Juegos Olímpicos.

Foto de Vitali Saveliev

Bajo esas circunstancias y para evitar que el número de equipos participantes en el hockey femenino se viera reducido en demasía debido al boicot, se invitó (decisión tomada entre el COI y las autoridades del país sede) a la selección de Zimbabue a que tomara parte en ellos, como dijimos. Esto sólo ocurrió cinco semanas antes del inicio de los Juegos pero en realidad la selección de las mujeres que iban a formar parte del equipo africano no tuvo lugar hasta el fin de semana anterior al día de apertura de los Juegos.

La premura en organizar todo consistió en realizar a toda prisa un sinfín de medidas, tales como organizar los pasaportes de las jugadoras -todas ellas blancas-, confeccionar sus uniformes, otros detalles administrativos, conseguir un mes de baja laboral en sus respectivos trabajos, organizar partidos de entrenamiento contra hombres como práctica, etc. A todo eso hay que sumar que el viaje hasta la capital entonces soviética la realizaron las jugadoras no en un avión de línea, sino en uno de la II Guerra Mundial que se usaba para transportar carne. No menos importante fue, que a su llegada a Moscú, pudieran practicar, por primera vez en sus vidas, en un campo de césped artificial. Todos estos datos nos asombran más si tenemos en cuenta que ese equipo inexperto, sin bagaje de partidos internacionales previos debido al boicot a su país, sin preparación, formado precipitadamente, acabara en el mejor puesto posible: en el primer cajón del podio.

Foto de Vitali Saveliev/RIA Novosti

Durante el torneo olímpico las componentes del equipo llevaron un diario en el que iban contando a mano todas sus experiencias olímpica. El diario llevaba el mismo orden que el número de dorsal de cada jugadora y contenía historias que hacían llorar de emoción y otras que causaban risas. Son el “testamento” de su increíble historia. Tiene especial mérito que este equipo no perdiera ninguno de sus encuentros olímpicos, acabando imbatidas. Las jugadoras vieron este torneo olímpico como una ocasión para dar a conocer al mundo su país, ponerle en el mapa. Ya vivir la espectacular ceremonia de inauguración en el estadio Lenin les supuso una de las experiencias de su vida y el recibimiento en su país a la vuelta fue igualmente inolvidable. Les esperaba en el aeropuerto la guardia de honor, majorettes y las más altas autoridades políticas. Se les prometieron premios…que nunca acabaron de recibir. Las apodadas como ‘Chicas de oro’, las mismas que había protagonizado la gran sorpresa de los Juegos de Moscú y que habían llamado la atención por significar su victoria todo un cuento de hadas realizado, nunca llegaron a recibir el buey que les prometió la esposa del Primer Ministro…sino que a cambio recibieron un paquete de carne.

La mayoría de las jugadoras acabó emigrando, en gran parte a la vecina Sudáfrica. Su victoria supuso la primera medalla olímpica del país, algo que no se volvería a conseguir hasta los Juegos de Atenas de 2004 gracias a la entonces nadadora y hoy presidenta del COI Kirsty Coventry. Sin embargo, el oro de las jugadoras de hockey, además de ser recordado aún en su país, supuso un legado que quedó en Zimbabue. Todo ello pese a las insinuaciones de parte de determinados periodistas (incluyendo el prestigioso “Sports Illustrated”) opinando que su victoria se debió al bajo nivel competitivo causado por el boicot, pero nadie puede negar que, entre todos los equipos presentes, fueron ellas las que consiguieron el oro y lo hicieron con las peores circunstancias posibles.



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