Nació en 1979 como un todoterreno militar. Cómo el Mercedes Clase G ha terminado siendo es un monstruo eléctrico (y un icono más allá del barro)
El todoterreno Mercedes-Benz Clase G es el modelo más longevo de producción de la historia de la marca se acerca a los 50 años. Nació como todo terreno versátil y a día de hoy es uno de los modelos más emblemáticos de la marca alemana.
Tras numerosas actualizaciones por el camino y una reciente mutación a eléctrico, el icónico 4×4 sigue en plena forma.
El nacimiento de un mito: el Mercedes-Benz Clase G
A principios de la década de los 70 del siglo pasado, Daimler-Benz AG y Steyr-Daimler-Puch firmaban un contrato de colaboración y de él nacía el Mercedes-Benz Clase G que, aunque en primera instancia estaba pensado como vehículo militar, acabó convirtiéndose en un todo terreno que buscaba combinar una extraordinaria aptitud para circular fuera del asfalto y sobre sobre él, ofreciendo además un elevado nivel de seguridad.
En 1975, ambas firmas toman la decisión de producir en serie el Mercedes-Benz Clase G, naciendo con él la nueva planta de Graz (Austria), que es la fábrica que ha dado salida al mítico 4×4 durante estos 40 años.


Así, en 1979 llegaba el primer Mercedes-Benz Clase G al mundo. Su lanzamiento tuvo lugar en primavera y se estrenó con varias opciones de carrocería y de distancia entre ejes: cabrio de batalla corta o versiones Station Wagon cerradas tanto de batalla larga como corta. Cuatro motores integraban la gama del todo terreno, con potencias que oscilaban entre los 72 CV y los 156 CV.
Desde los albores del Clase G, la tracción integral o el diferencial autoblocante (con una acción de bloqueo del 100%), formaron parte del todo terreno, a lo que se sumaba un robusto bastidor.
Y si bien estaba orientado para el público general, sus capacidades y arquitectura, también lo convirtieron en objeto de deseo para administraciones y organismos: así el Mercedes-Benz Clase G fue escogido para ser coche patrulla por diversos cuerpos de policía, haciendo también las veces de coche de bomberos o para misiones de rescate.
Este 4×4 germano también ha tenido el honor de ser uno de los pocos automóviles que se han convertido en Papamóvil: desde la época de los 80, Juan Pablo II dispuso de un Mercedes-Benz 230 G adaptado, que vestía en color blanco y se distinguía por una cúpula de cristal que protegía al sumo pontífice en sus apariciones públicas. También tuvo uno posteriormente Benedicto XVI, en su caso un G 500 de 2007.


Diez años después de llegar al mercado, en 1989, el Clase G recibió su primera actualización, estrenando la serie 463 que sustituía a la 460 y a la 461. Ésta se distinguía por integrar importantes novedades técnicas al servicio de la dinámica (nuevos diferenciales de bloqueo electrónico), un habitáculo más cuidado y nueva tecnología de seguridad (ABS, airbags).
Además, en este lavado de cara el 4×4 disponía de un buen abanico de motores, incorporando por ejemplo el potente propulsor V8 de 240 CV que daba vida al 500 GE, una edición tope de gama de producción limitada que llegaba en 1993. Éste fue una buena antesala de lo que estaba por venir: el estreno del Clase G en la familia Mercedes-AMG.
Los Clase G de Mercedes-AMG: del G 55 al G eléctrico


Al cumplir sus 20 primaveras en 1999, el Mercedes-Benz Clase G escribió un nuevo hito en su historia: aquel año llegaba la primera versión AMG de producción del todo terreno. Hasta el momento, el Clase G había contando con ediciones limitadas concebidas por el departamento deportivo de la marca alemana, pero el G 55 AMG fue la primera variante de serie.
El Mercedes-Benz G 55 AMG equipaba un propulsor atmosférico V8 de 5.5 litros, que rendía 354 CV de potencia y un par máximo de 525 Nm disponible desde las 3.000 vueltas. Este imponente corazón iba acompañado de otras modificaciones a fin de hacerlo más deportivo: equipaba un cambio automático de cinco marchas revisado, mientras que el tren de rodaje, los frenos y el sistema de escape también fueron adaptados para acompañar el incremento de potencia.
Tres años después, en 2002, la marca estrenaba una versión aún más potente, el Clase G 63 AMG, que en aquellas tuvo el honor de convertirse en la variante del todo terreno de mayor entrega jamás concebida. Bajo el capó escondía un propulso también atmosférico pero V12, con 6.3 litros y nada menos que 444 CV y 620 Nm de par.


El título no le duró mucho: en 2004, para celebrar el 25º aniversario del 4×4, llegaba al mercado el Mercedes Clase G 55 AMG KOMPRESSOR. Con un motor V8 de 476 CV y 700 Nm de par máximo, esta versión hacía gala de una aceleración de infarto para un automóvil de su peso y tamaño: llegaba desde parado hasta los 100 km/h en 5,6 segundos.
No obstante, el verdadero rey de los Clase G firmados por la marca de Affalterbach fue el G 65 AMG, que llegaba en 2012. Equipado con un superlativo propulsor biturbo de 6.0 litros y doce cilindros en uve, cifraba su potencia en 612 CV y su par máximo en 1.000 Nm. En aquellas, Mercedes-AMG también aprovechó para renovar al escudero, el G 63 AMG, que montaba un nuevo V8, también turboalimentado, de 5.5 litros, 544 CV de potencia y 760 Nm de par máximo.
Y en este repaso ‘made in’ Mercedes-AMG no podemos olvidarnos del espectacular G 63 AMG 6×6, que se estrenaba en 2013 y que se distinguía del resto de la familia por equipar tres ejes y seis ruedas, que iban acompañados de hasta cinco diferenciales autoblocantes y una mayor altura libre de distancia al suelo. Su corazón era el mismo que el G 63 estrenado un año antes: el V8 de 5.5 litros y 544 CV.
Basado en el Clase G AMG 6×6 llegó posteriormente el Mercedes-Benz G 500 4×4², una bestia que tuvimos ocasión de probar y que equipaba el robusto sistema de tracción total con ejes de pórtico, pero volviendo a los tradicionales dos ejes. Del Clase G convencional se distinguía por contar mayor altura y anchura (2,25 metros y 2,10 metros respectivamente) y bajo el capó encontrábamos un V8 de 4.0 litros de 422 CV, que posteriormente equiparía el G 63 2018, que iba gestionado mediante un cambio automático 7G-Tronic.


La anterior generación el icónico 4×4 lanzó su variante AMG G 63 con un V8 biturbo 4.0 litros, con potencia de 585 CV y un par de 850 Nm con un 0 a 100 km/h en 4,5 segundos y velocidad máxima de 220 km/h (240 km/h con el paquete AMG Driver’s Package).
Generación tras generación, con G de G-Wagen


Sin embargo, durante los años 2000 y antes de la llegada de la segunda generación en enero de 2018, también encontramos versiones reseñables que no llevan el apellido AMG.
Es el caso del Clase G 320 CDI estrenado en 2006: Mercedes-Benz afirma que, según los expertos, está considerado como uno de los mejores Clase G de la historia. Éste equipaba un moderno motor V6 diésel de aleación ligera de 224 CV de potencia y disponía de serie con filtro de partículas.
En 2009, cuando el Mercedes-Benz Clase G cumplía 30 años, el 4×4 recibió una nueva actualización y en esta ocasión estaba centrada en mejorar el confort y el equipamiento del habitáculo. Tres años después, en 2012, el salto fue aún más reseñable con la llegada de tecnologías de seguridad activa, como el avanzado control de crucero adaptativo DISTRONIC Plus, así como el asistente de estacionamiento autónomo PARKTRONIC.


La segunda generación del Mercedes-Benz Clase G llegó casi 40 años después de su nacimiento, que fue presentada en el Salón de Detroit 2018. Si bien su estética exterior se ha mantenido muy fiel a su esencia, donde sus aristadas líneas clásicas siguen mandando, los mayores cambios los encontramos en el habitáculo y en su equipamiento tecnológico. «Tan clase G como siempre, pero mejor que nunca», así lo definió la propia marca.
Pero la auténtica revolución llegó en 2024 con el lanzamiento del primer G eléctrico de la historia el Mercedes-Benz G 580 EQ. Un coche que rompía con toda su tradición menos en lo que se refiere al apartado estético donde conserva ese diseño de caja de zapatos con algunos guiños modernos.


Faros redondos (LED), pasos de rueda con aletines bien marcados, paragolpes altos, habitáculo rectangular… Todo dice G-Wagen menos el sonido, que no hay, porque renunció a su mecánica de combustión para meter un motor eléctrico en cada una de las ruedas y poder girar sobre sí mismo como una peonza.
Con una batería de 117 kWh, 587 CV y 1.164 Nm de par motor se ha convertido en un capricho todoterreno de 200.000 euros y el Clase G más potente de toda la gama, por encima del Mercedes-AMG G 63 de 585 CV que, eso sí, conserva el V8 y su estatus como el más caro de todos los G superando por mucho la barrera de los 200.000 euros.
La duda ahora es: ¿con cuál de todos los Clase G te quedarías?
Sabías que…


- Todos los Mercedes-Benz Clase G, desde el primero hasta su última generación e incluyendo sus versiones AMG, han sido concebidos en la planta austriaca de Graz en una única línea de producción.
- Cerca de 2.000 empleados son los encargados de confeccionar casi artensalmente cada unidad del Clase G.
- Alrededor de 100 horas se invierten para concebir los revestimientos de cada habitáculo, a fin de ofrecer acabados tan cuidados como minuciosos.
- La denominación actual, Clase G, fue acuñada en 1993, poco después de la llegada de su primera actualización.
- Según el fabricante alemán, 80 % de las unidades del Mercedes-Benz Clase G concebidas desde 1979 hasta el día de hoy aún sigue circulando.
- Mercedes-Benz afirma que el G 63 AMG es la variante más popular del Clase G, aglutinando el 40 % de su cuota de mercado.
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