Creían que era un antiguo brazo del Rin, pero era una gigantesca autopista romana enterrada bajo un campo alemán
La ingeniería romana nos ha dejado un legado incomensurable de acueductos, anfiteatros o esas calzadas que todavía hoy siguen apareciendo aparecen bajo ciudades modernas. Pero el último gran hallazgo arqueológico en Alemania apunta hacia otro lugar completamente distinto: los cursos de agua.
Porque bajo unos simples campos de cultivo ha aparecido lo que, salvando las distancias, podría definirse como una auténtica autopista romana.
La obra romana que nadie esperaba encontrar bajo un campo alemán
Lo primero que llamó la atención a los investigadores fue extraña línea recta detectada en Hessische Ried, junto al río Rin. Durante años se creyó que era un antiguo brazo natural del río, y tenía lógica… Hasta que alguien reparó en que era demasiado recta y demasiado perfecta como para ser natural.
El nuevo estudio, publicado en la revista Land, confirma que aquello no era obra de la naturaleza, sino que era obra del hombre: los romanos excavaron un canal artificial de unos 15 metros de ancho y 2,5 m de profundidad para conectar el Rin con varios asentamientos militares de la frontera germánica, por lo que en su día, fue una infraestructura estratégica.
Por allí podían desplazarse soldados, materiales de construcción, alimentos y mercancías… porque mover tropas por agua siempre fue más rápido y eficiente que hacerlo por tierra. En este caso, el canal desembocaba en el burgus de Trebur-Astheim, un pequeño fuerte construido bajo el emperador Valentiniano I entre los años 364 y 375 d.C.


Un impresionante complejo que contaba incluso con una dársena artificial, funcionando como una especie de puerto interior protegido donde las embarcaciones podían abandonar el Rin y refugiarse tierra adentro. Era, por entonces, una solución logística tremendamente sofisticada para una zona que solemos imaginar como una frontera olvidada del Imperio.
Además, los investigadores creen que el canal formaba parte de una red fluvial mucho más amplia que conectaba el Rin con asentamientos militares, núcleos civiles y rutas comerciales del interior. De hecho, el puerto fortificado de Trebur-Astheim actuaba como un centro de transbordo donde las mercancías podían pasar de embarcaciones grandes que navegaban por el Rin a barcos más pequeños capaces de adentrarse en el territorio.
También fue uno de los escasos canales navegables de época romana documentados al norte de los Alpes, una rareza arqueológica que ayuda a entender mejor hasta qué punto Roma modificó el paisaje europeo. Otro aspecto interesante de este hallazgo es que obliga a replantear la imagen tradicional de la presencia romana en Germania ya que hasta ahora, muchos historiadores consideraban que Roma se limitaba a aprovechar los cursos de agua existentes, adaptando sus infraestructuras al paisaje.


Y el canal no desapareció con Roma: los análisis de sedimentos sugieren que siguió utilizándose hasta el siglo VIII, más de 300 años después de la caída del Imperio Romano de Occidente. Las comunidades merovingias y carolingias habrían mantenido operativa la infraestructura e incluso pudo participar en el abastecimiento del Palacio de Trebur, citado por primera vez en documentos del año 829.
Pero ¿cómo desapareció una obra tan impresionante? los canales necesitan mantenimiento constante, pues hay que dragarlos periódicamente para evitar que los sedimentos reduzcan su profundidad. Así que cuando esas labores cesaron, la naturaleza hizo el resto. Ahora, este hallazgo de hace 2.000 años, nos permite descubrir que los romanos fueron capaces de rediseñar el paisaje europeo con obras tan complejas que algunas siguieron funcionando durante siglos.
Imágenes | Goethe Universitat
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