Reforma a la Ley Muhammad Ali
El Senado de los Estados Unidos se ha visto envuelto esta semana en un debate en donde congresistas republicanos y demócratas tienen la misma idea ganada: aprobar la reforma a la Ley Muhammad Ali. Paradójicamente, luce inminente un acuerdo para sancionarla cuando se trata de dos grupos antagónicamente enfrentados probablemente desde tiempos inmemoriales. ¿Y a qué se deberá ese consenso, según lo debatido esta misma semana? Veamos.
La ley en honor al «Más Grande» data de principios de 2000 y lo que se plantea es una reestructuración profunda del modelo de negocio del boxeo para hacerlo «más comercial, humano y que evite el monopolio pactado con las entidades que rigen la disciplina en general». En ese sentido, se busca crear una organización unificada de boxeo (UBO), de manera que una sola empresa sea regidora de rankings, títulos y los contratos de los boxeadores al mismo tiempo. Se argumenta que ello faclitaría que las mejores peleas ocurran sin los bloqueos de múltiples organismos (AMB, CMB, FIB y OMB), y «atraería mayor inversión extranjera y corporativa».
Pero críticos como Óscar de la Hoya y el propio nieto de Ali, Nico Ali Walsh, advierten que esto daría un control total a «las promotoras sobre las carreras de los atletas, eliminando su capacidad de negociación». Además, la ley original obliga a los promotores a revelar cuánto dinero genera un evento para que el boxeador sepa si su pago es justo. Con la reforma, algunos sectores denuncian que las UBO no tendrían «la misma obligación estricta de rendición de cuentas financiera ante el peleador, escudándose en informes de ganancias trimestrales públicos de grandes corporaciones».
En resumen, para el sector de los llamados «promotores corporativos» el modelo actual del boxeo está fragmentado y muriendo, y se necesita una estructura centralizada para competir. En cambio, los llamados «Ali aliance» opinan que la reforma «destruye el espíritu de la ley original, convirtiendo a los boxeadores en empleados sin derechos de negociación». Ahora bien, existen factores para la aprobación de la reforma, como por ejemplo el apoyo simbólico que le otorga Lonnie Ali, viuda de Muhammad Ali, quien ha testificado personalmente a favor de la reforma, lo que le da un peso moral que pocos legisladores quieren contradecir.
Además del consenso bipartidista que ven «con buenos ojos» los nuevos estándares de seguridad (como los $200 dólares mínimos por asalto y el seguro médico de $50.000 por pelea». Para rematar, grandes operadores de arenas (como MSG y MGM) y promotoras han hecho un «lobby» muy efectivo, argumentando que el modelo de las UBO atraerá inversiones masivas que el boxeo está perdiendo frente a la UFC, algo que venimos alertando desde hace años. Habrá que esperar.
