25 febrero, 2024

EL CAMPEÓN DEL HOCKEY HIELO AL QUE LE TOCÓ HUIR – Historias de los Juegos

No es la primera historia de un prisionero en un campo de concentración que contamos aquí. Ser un deportista de élite no eximió durante la II Guerra Mundial acabar en uno de esos terribles campos de exterminio creados por los nazis. Hoy contaremos la historia de Miroslav Sláma, nacido en 1917 en lo que aún era territorio del Imperio Austro-húngaro y pasó a convertirse en Checoslovaquia.

El comienzo de la gran contienda bélica le pilló estudiando Derecho en Praga y jugando al hockey hielo, llegando a ganar en Noruega con su equipo el campeonato internacional de equipos universitarios. Después los datos son algo confusos ya que mientras alguna fuente afirma que llegó como voluntario al final de la guerra al campo de concentración de Terezín en mayo de 1945 para ayudar a la gente en su regreso a la localidad natal del jugador, Třebíč, otras (la mayoría de las fuentes) van más allá, afirmando que, tras intentar ayudar a la madre de un amigo, sí que llegó a ser encarcelado -aunque por breve espacio de tiempo- en el citado campo de concentración de Terezín (también denominado Theresienstadt) hasta que éste fue liberado por el Ejército Rojo el 8 de mayo de 1945. Sea cualquiera que sea el caso con seguridad Sláma sin duda pasó por horribles momentos personales dada la situación que le rodeaba.

Con la selección nacional de su país

Una vez acabada la guerra acabó sus estudios de Derecho y obtuvo el título de Doctor en Derecho. Los años de posguerra fueron los mejores a nivel profesional para Miroslav Sláma ya que fue seleccionado para el equipo nacional, con el que ganó el Mundial de hockey hielo celebrado en 1947 y, lo que es mejor, se colgó la medalla olímpica de plata en los Juegos de 1948 realizados en Sankt Moritz. Checoslovaquia fue segunda -detrás de Canadá- únicamente por la diferencias de goles. Sláma fue considerado el mejor defensor de su país por su velocidad, estrategia, agilidad, madurez táctica así como habilidades de tiro. Hay que señalar que en sus comienzos había jugado de delantero, pero con el tiempo pasó a convertirse en defensor sin perder nunca su capacidad goleadora, que ya no le abandonaría nunca.

Si Miroslav Sláma tuvo que padecer la guerra mundial años más tarde le tocó sufrir el régimen soviético cuando, poco después de esos Juegos Olímpicos celebrados en 1948, puso a Checoslovaquia bajo su control. La situación política cortó de raíz su prometedora carrera, tanto como jugador de hockey como trabajando como jefe del departamento jurídico de una enorme fábrica metalúrgica. Así las cosas, junto a un compañero de equipo, aprovechó que estaban jugando un torneo en Davos, Suiza, para desertar y quedarse en el país helvético. Incluso estando ya en Suiza durante el torneo el expresidente de su club les dijo a sus jugadores que no volvieran después del torneo, sino que se quedaran en Occidente. Fue un salto al vacío pues no conocían la lengua, no tenían a sus familiares. Los jugadores votaron y decidieron volver, menos Sláma y Zábrodský, que abandonaron el hotel sin avisar a nadie y dejando apenas una nota de despedida. Y en el país alpino se quedó durante cinco años trabajando como entrenador y jugador.

Tras ese periodo de su vida y una vez acabada toda su labor relacionada con el deporte emigró a Estados Unidos donde dio un giro total a su labor profesional trabajando como biblioteconomista, para lo cual previamente obtuvo el título correspondiente en la universidad de Denver. Fue el bibliotecario jefe de una universidad hasta su jubilación, en 1980. Después de su muerte sus restos fueron trasladados a su localidad natal y fue reconocido oficialmente como uno de los deportistas más destacados de la misma. Desde que en 1990 regresara por primera vez a su país para visitar a sus familiares y amigos realizó más visitas a Chequia, hasta que dejó de hacerlo por motivos de salud. Murió en 2008.



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