Según la psicología, los que tienen coches de lujo son más agresivos al volante y los que van en descapotables son más amables
Los chistes sobre los conductores de BMW suelen, en promedio, girar en torno a su desconocimiento de los intermitentes, en el mejor de los casos, y que de manera general conducen fatal. Son clichés, por supuesto, alimentados por internet y redes sociales. Hace algo más de una década eran los conductores de Audi, las “víctimas” de esos mismos clichés, y antes los de Mercedes. Tienen en común el referirse a conductores de coches de gama alta.
Los estereotipos tienen, en este caso, una base de realidad. Y es que en general, la gente con coches premium suele conducir peor. Hay estudios que lo demuestran. Pero hay una excepción: si conducen un descapotable.
El coche como símbolo de una supuesta superioridad
La ciencia avala lo que muchos ya sospechaban, los conductores de coches de gama alta suelen ser los menos educados en la carretera, es decir, los que peor conducen. Paul K. Piff, investigador de la Universidad de California en Berkeley, lideró un estudio que demuestra que los malos hábitos al volante están relacionados con el poder adquisitivo.
El experimento, publicado en 2012 en Proceedings of the National Academy of Sciences, analizó el comportamiento de los automovilistas en California. El equipo de Piff observó cómo reaccionaban 152 conductores al ver a un peatón a punto de cruzar en un paso de peatones sin semáforo.


Además, durante una semana, estudiaron una intersección de cuatro calles, sin semáforo, y todas con una señal de Stop (algo relativamente común en EEUU) y registraron cuántos conductores respetaban las reglas de prioridad en esa situación. De los 274 vehículos observados, los más caros fueron los que más infracciones cometieron.
Según Piff, el 80% de los conductores actuó correctamente, pero la probabilidad de cometer una infracción aumentaba significativamente en los coches más caros. De hecho, en el estudio de los pasos de peatones, ninguno de los vehículos en mal estado se saltó la norma, siempre se detenían para dejar cruzar.
El estudio también reveló que los hombres conducen peor que las mujeres, y que, independientemente del sexo del conductor, es más probable que se detengan ante una mujer que ante un hombre. «Lo más llamativo fue que los coches de alta gama eran los que menos respetaban las normas«, explicó Piff. «Y los peores, sin duda, fueron los conductores de BMW».


Aunque en realidad, no todo es una cuestión de poder adquisitivo. En el área de la bahía de San Francisco, siempre sensible a los híbridos y eléctricos, y donde el Toyota Prius era un símbolo de estatus entre los ecologistas, los investigadores lo consideraron un vehículo premium.
«En la categoría de coches de alto estatus, los conductores de Prius también tendían a cometer más infracciones que la mayoría», añadió Piff. Era 2013 y hace un par de años, ese coche estatus y símbolo de superioridad era un Tesla.
La clave es el “coche de alto estatus”, un coche que le da a su conductor un sentimiento de superioridad. Ya sea un SUV, un coche de gama alta, un deportivo, un coche híbrido o un coche eléctrico. Pero resulta que hay una excepción en todo ese concepto de coche de estatus, los conductores de descapotables.
Sin anonimato se recupera la empatía


Por qué quienes conducen un cochazo se comportan de forma diferente si ese coche, ese símbolo del estatus que sienten que tienen, es un descapotable. La explicación tiene que ver con la ausencia de techo.
Un estudio sobre agresividad al volante demostró que los conductores de descapotables con la capota bajada tardaban más en pitar, y lo hacían de forma más breve, que aquellos con la capota subida.
Aunque cabe la posibilidad de que esas personas simplemente se encontrasen de mejor humor, todo apunta a una conclusión clara: cuanto mayor es el anonimato, mayor es la agresividad al volante. Y es que con la capota bajada, tienen la sensación de que todo el mundo les va a ver, ya no tienen un techo que en su inconsciente les protege.
El periodista estadounidense Tom Vanderbilt en su libro ‘Traffic Why We Drive the Way We Do (And What It Says About Us)’ explica ese comportamiento agresivo con el fenómeno de la «deindividuation» (desindividuación). Esta es la tendencia de las personas a comportarse de forma más agresiva o antisocial cuando se sienten anónimas e irreconocibles, como en redes sociales e internet en general.
Vanderbilt argumenta que el habitáculo del coche funciona exactamente igual. Nos envuelve, nos oculta del resto del mundo y nos da una falsa sensación de anonimato, lo que nos hace más propensos a comportarnos de forma agresiva o desconsiderada al volante… cosas que jamás haríamos cara a cara con otra persona.
Al perder el anonimato y ser visibles para los demás en un descapotable, los conductores recuperan la empatía.
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