21 abril, 2024

LA INTRODUCTURA DEL PATINAJE ARTÍSTICO FEMENINO – Historias de los Juegos

Ya es conocido el rechazo e incluso la prohibición hacia el deporte practicado por mujeres en los comienzos de las grandes competiciones internacionales. Incluso en un deporte tan estético y que muchos asocian al ballet -arte ampliamente practicado por mujeres- como el patinaje artístico las mujeres no podían participar en los albores de este deporte, esto es, principios del siglo XX. La británica Madge Syers fue la que hizo que cambiaran las cosas.

Pese a que el patinaje artístico era muy popular a nivel amateur en aquellos años en Inglaterra debido a la existencia de pistas de hielo donde podían entrar también mujeres, a nivel competitivo no existían campeonatos femeninos. Tuvo que llegar esta abanderada del deporte para oficializar el cambio. Madge tenía 14 hermanos y era definitivamente la que poseía mejores cualidades atléticas de toda la familia. Le gustaba nadar y montar a caballo pero su afición preferida era patinar sobre hielo. Primero se apuntó a un club de patinaje londinense donde, huelga decir, todos eran hombres. Gracias al patinaje conocería al que se convertiría en su marido, Edgar Syers, un patinador que, con el tiempo, se convertiría en su pareja sobre el hielo a la par que su entrenador. Fue precisamente Syers el que la “pulió” haciendo que abandonara el estilo británico, demasiado rígido, y adoptara el llamado estilo internacional, más natural.

Junto a su marido, el también patinador, Edgar Syers

Estamos en 1902 y Madge quiere apuntarse al campeonato mundial, pero en él sólo compiten hombres. Madge se aprovecha de que no está escrito explícitamente que no puedan competir mujeres y consigue participar. Queda segunda. Sólo le supera un tal Ulrich Salchow, sí, el creador de ese salto imprescindible hoy en día . Los jueces alegaban para impedir la participación de las mujeres que los largos vestidos que ellas llevaban impedían ver su juego de pies, tan fundamental para juzgar a los patinadores. En efecto, aunque Madge aún llevaba un vestido largo en su primera aparición lo acortó para que vieran su maestría con las extremidades inferiores, imponiendo desde ese momento una moda que se instauró. Pero nos puede causar casi risa, cuando no sorpresa, conocer otra razón que exponían los críticos a la introducción de la mujer en el patinaje artístico, pues exponían ni más ni menos que “los jueces podrían enamorarse de las patinadoras”. Sin comentarios.

A raíz de ese segundo puesto de Madge Syers la Federación Internacional de Patinaje creó un Mundial exclusivo para mujeres, pues ya no había marcha atrás en la introducción de las mujeres en este bello deporte. Mientras tanto, Madge compitió en el campeonato nacional…y ganó a su propio marido. Por descontado, Madge dominó en el Mundial femenino.

Pero ella tenía otro reto aún mayor: ir a los Juegos Olímpicos. Por aquel entonces la modalidad de patinaje artístico aún estaba introducida en el calendario de los Juegos Olímpicos de verano. El patinaje artístico debutaría, pues, en la cita olímpica de 1908 celebrada en Londres. Y allí Madge alargó su leyenda y se convirtió en pionera, una vez más, al ganar el primer oro olímpico en la historia de unos Juegos. A ese oro individual femenino añadió un bronce en parejas mixtas junto a su marido Edgar. Con ello entró nuevamente en la historia olímpica por otro hito: ser la primera mujer en ganar dos medallas en una misma cita olímpica. Junto a su marido, por cierto, escribió un libro -”El arte del patinaje (estilo internacional)”- que publicaron en 1913. Desgraciadamente Madge Syers gozó de una corta vida, ya que murió de un fallo cardíaco causado por una endocarditis aguda siete días antes de cumplir 36 años. Fue pionera e inspiradora y cambió mentalidades en un mundo que tenía aún mucho que avanzar.



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